-Miembros del Comité Estudiantil amenazaban a la joven con un machete, el cual lo pasaban por sus pies.
Agencia55
Una alumna de nuevo ingreso de la Escuela Normal Rural Mactumatzá, relata los abusos y tratos inhumanos que sufrió durante su estancia en el supuesto curso de inducción del plantel.
La afectada relató que, tras haber sido admitida el pasado 25 de julio y haber recibido indicaciones en su domicilio para presentarse el 19 de julio con diversos víveres y herramientas de campo, la situación cambió drásticamente en cuanto sus familiares se retiraron del lugar.
De acuerdo con su testimonio, los abusos comenzaron con la prohibición de descansar y el despojo de todas sus pertenencias, incluyendo artículos de higiene personal, medicamentos, comida y teléfonos celulares, dejándolas incomunicadas.
Las estudiantes fueron encerradas en un salón cubierto con nailon donde la circulación del aire era nula, una medida implementada, según se indicó, para evitar que el exterior se percatara de la situación al interior de las instalaciones, las cuales se encontraban cubiertas.
Las actividades impuestas consistían en limpiar la maleza del campo durante largas horas del día, empleando las manos o herramientas sin filo y bajo la negativa de proporcionarles agua, obligándolas a ganarla o a compartir un vaso pequeño entre cuatro o cinco personas. Asimismo, se les impidió ir al baño, lo que llevó a que algunas compañeras orinaran sus propios pantalones. La dinámica escolar exigía mantener la cabeza agachada y evitar mirar a los integrantes del comité estudiantil; levantar la mirada era considerado una falta de respeto que se castigaba con agresiones físicas.
En cuanto a la alimentación, la afectada detalló que les daban sopa cruda con mucho aceite, papa y chayote hervido, y si no terminaban los alimentos en un lapso de tres minutos, eran castigadas manteniendo los brazos levantados sosteniendo platos y vasos por horas.
También denunció actos de intimidación como pasar machetes cerca de sus pies, y señaló que las condiciones extremas provocaron que varias compañeras sufrieran desmayos y convulsiones.
Tras permanecer tres días en el lugar por temor a perder la matrícula escolar por la que tanto habían luchado en meses anteriores, la joven experimentó un deterioro severo en su salud, caracterizado por temblores corporales, fuertes dolores de cabeza y de estómago.
Ante el miedo de que ocurriera algo peor, decidió abandonar el plantel tomando su maleta y su teléfono, y con el apoyo de una tienda ubicada frente a la normal logró contactar a su madre. Posteriormente, fue llevada al médico, donde le diagnosticaron deshidratación severa, infección en las vías urinarias y vómitos.
Finalmente, la víctima advirtió que los integrantes del comité estudiantil lanzaron amenazas contra las alumnas y sus familias en caso de revelar lo sucedido.

